La lucidez
- Autor:
- Editorial:
- Género:
- Año:

Un viaje hacia el interior y el exterior que habita en el presente, pero se pregunta por el futuro. Un descubrimiento, un tránsito que nos saca del letargo y el adormecimiento. ¿Estamos preparados para hablarnos a nosotros mismos? En su poemario La lucidez, Matías Mendez nos empuja a ser compasivos e ir tras nuestros interrogantes, aún en los tiempos que imperan, de incertidumbre y desconcierto.
La muerte y la juventud, entrelazadas, hoy son también un asunto de jóvenes… Cuidar de la inocencia, recordar el origen, volver a transitar los caminos que nos llevaron a ser quienes somos, para comprender lo que somos. “Nadie puede entender las infancias / cuando son ajenas”.
Aquí, los poemas son pequeñas revoluciones que buscan alcanzar grandes verdades, hablándole a lo imposible y también a la existencia. “Una invitación a repensar lo que viene y también lo que hay, en donde la mirada fresca de Matías es un continuo pasaje de aventuras posibles, con la sensibilidad que tiñe el mundo de belleza y empatía”, en palabras de la escritora Victoria Zerdá.
La lucidez es el primer poemario publicado de Matías Mendez y el quinto título de la colección de poesía de Hexágono Editoras
infancias posibles
dicen que somos humanos
y que el amor te duele:
a mí me sangran las manos
Traidor del cielo – Lucio Mantel
las infancias atravesadas por la vía
al oeste junto al tren
dos personas a mi edad trabajan
cruzan el arroyo casi entubado
con el agua fangosa hasta el pecho por diversión
ella llega a buenos aires y se queda
la luz de la luna
intermitente entre las nubes que la tapan
el rayo de luz sobre la almohada de él
que se filtra por el techo agujereado
en fin
cosas de las infancias
las vidas posibles, las muertes posibles
están
en un teatro conmigo
una función donde se corta la luz
una vuelta en micro desde el descampado
mi papá y mi mamá me miran y entristecen
me sostienen las manos
las mismas manos con las que actúo
con señas que aprendí de memoria
las manos lastimadas
ya hundidas arrancadas
un hospital público
en el último tramo de la noche
suena la primera regina spektor
con su voz dulce y rota
los sonidos guturales
el piano decadente
los pisos lisos
la gente entra y sale
las horas de espera
entre teclas y aplausos
todo para entender que el problema
no es la piel sino
las posibles muertes, las posibles vidas
la muerte
ni se anima a nombrarse
la muerte es
la soledad es
alguien
en la misma casa todavía
donde la luna intentaba hacerse lugar
entre las chapas y el frío
alguien
siendo torpe al despedirse
y pienso
alguien debería detener
las piezas del dominó
mi caída segura
la casa
me hace caminar en cuclillas
para no despertar a un niño
que duerme con camperas encima
un recuerdo que no se impregna porque
nadie puede entender las infancias
cuando son ajenas
nadie detiene mi caída
porque dicen que la muerte
puede ser buena
una muerte simbólica
un cambio positivo
no quieren nombrar
las posibles muertes, las posibles vidas
yo no reacciono
soy consciente de la fugacidad de las cosas
las espero más de lo que las vivo
¿y puedo hablar de lucidez
si reconstruyo todo de a pedazos
pero no encuentro la imagen total?